Escena LGTBIQ+
Lo primero que hay que entender de Seúl es que hay dos escenas y apenas se cruzan.
Itaewon es la internacional. Ahí está la Homo Hill, una cuesta peatonal corta llena de bares pequeños, uno detrás de otro, con público mezclado de coreanos jóvenes y extranjeros; se mueven nombres como Ground, Kookie o Public, y para ambiente oso Gym, Michin o Dirty Heaven. Es la opción fácil si no hablas coreano.
Jongno 3-ga es la coreana, y es la grande: en los callejones de la ciudad vieja los locales calculan unos setenta negocios gais, con más de veinticinco bares diminutos —Shortbus, Friends y muchos sin cartel— de clientela fija, poca rotación de turistas y casi nada de inglés. Entrar cuesta más, pero es la mitad de Seúl que casi nadie de fuera ve.
Y un detalle práctico: la noche va tardísima. La gente sale pasadas las once y los clubes no se vacían hasta las cinco o las seis. El metro cierra sobre medianoche, así que cuenta con taxi para volver, que son baratos.